Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026
El campo como legado y proyecto propio- Testimonio de María Elena.
Crecer rodeada de animales, aprender del trabajo en familia y encontrar en el campo una forma de vida. Desde muy chica, su historia estuvo vinculada al medio rural y a los valores transmitidos de generación en generación.
Su principal referencia fue su familia. Cuatro hermanos que crecieron en el campo, continuaron el trabajo de su padre y construyeron juntos un proyecto que también marcó a las siguientes generaciones.
“La familia es lo principal y, a la vez, la vida en el campo y aprender a valorar todo lo que puedo sacar de él”, destaca.
Ese vínculo estuvo presente desde la infancia. Recorrer el campo, encontrar un ternero o un cordero para criar y llevarlo a su casa en Minas eran situaciones habituales. Por eso, cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, para su madre la respuesta parecía evidente: “¿Pero qué duda vas a tener si vivís arriba del bicho?”.
Hoy continúa ese vínculo desde el trabajo cotidiano. Sola o junto a su padre, realiza las tareas habituales del establecimiento: ensillar, recorrer, juntar los animales, vacunar y atender lo que el campo requiera.
Como mujer, valora especialmente haber encontrado su lugar en una actividad históricamente asociada a los hombres. Reconoce que esa realidad está cambiando y que cada vez son más las mujeres que eligen desarrollarse profesionalmente y permanecer en el medio rural.
“Hay un montón de cosas que sí podemos hacer y rendir lo mismo”, afirma.
Su experiencia refleja una transformación que atraviesa al agro: más mujeres que encuentran en el campo un espacio para aportar conocimientos, asumir responsabilidades y construir su propio camino.
“Está bueno que se aporten también técnicas y mujeres que tengan ganas de quedarse en el campo y no volver a la ciudad.”